AUTOESCUELA

(Una metáfora de Goio Seoane)


Alguien era un labrador que vivía con su compañera y con los dos hijos gemelos fruto de dicha relación, vivía feliz atendiendo a su familia, a sus campos, y viendo a sus hijos crecer amados, mientras corrían, jugaban, se desarrollaban fuertes y sanos en sus campos.

Un buen día, Alguien se dio cuenta que la mayoría de los juegos de sus hijos eran una imitación de su trabajo en los campos, viendo aquello y pensando en ello, decidió darles un campo real para que siguieran jugando y desarrollándose, comento sus ideas con su compañera, y los dos decidieron ponerlas en marcha y prepararlas, para tenerlas como regalo para su siguiente cumpleaños, que ya estaba cercano.

Por fin llego el esperado día, unos contentos y felices, por ver a sus hijos un año mas fuertes y sanos, y otros felices con la celebración y con sus correspondientes festejos. La madre preparo una suculenta comida con los frutos de sus campos, de la cual todos disfrutaron. En el postre como siempre llegaron los regalos, Alguien y su compañera les pidieron a sus dos hijos que les siguieran, los llevaron hasta la mejor finca que tenían y el padre les dijo: Este es vuestro regalo, partiremos la finca a la mitad, y desde hoy en adelante vosotros atenderéis y cuidareis de vuestra mitad, recibiendo a cambios los frutos que la tierra os dé. A continuación la madre les dijo: mi regalo, serán todas las plantas de semillero que necesitéis para plantar vuestros terrenos. Los cuatro estaban contentos y felices por lo regalos dados y recibidos.

Alguien observaba como sus hijos atendían su pequeña finca de la misma forma que le habían visto hacer a el durante tantos años, y así con el paso del tiempo llego la hora de la recolección, y de comentar entre todos como había ido el año, había sido un buen año para todos menos para uno de los hermanos, se quejaba de que sus frutos habían sido mucho mas pequeños que los de su hermano, alegando que su parte de la finca era peor que la de su hermano, a lo cual Alguien propuso que cambiarían de lado todos los años, el otro hermano lo creyó justo y así lo hicieron.

Al año siguiente paso exactamente lo mismo, con lo cual el hermano menos agraciado en las cosechas, le pidió a Alguien que observara su trabajo, y le dijera en que estaba fallando, cuando cuidaba y trataba su campo, Alguien así lo hizo, todo era normal, hasta que llego el día en que empezó a sembrar las plantas recién sacadas del semillero, que cuidaba su madre, Alguien observo como practicaba el agujero en la tierra y luego introducía dos plantas en cada uno de los agujeros, hasta terminar la siembra.

Alguien estuvo pensativo durante un buen rato, viéndole así su hijo le pregunto a ver porque estaba así, si había hecho algo incorrecto en la siembra.

A lo cual el padre le contestó con una pregunta:

¿Cuántas plantas tendrás que poner en cada agujero para conseguir lo que deseas?

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