Ambiente y Espiritualidad

Entre las piezas del lego y la figura construida no hay nada… al menos nada material.

La casa, el barco, el coche, son tan sólo relaciones entre las piezas; son la energía que pusimos al “ordenarlas”, y son la mirada que ponemos sobre el orden generado.

 

Entre el nivel neuro-lógico ambiente y el de la espiritualidad tampoco hay nada. Apenas una energía que ordena y una mirada que observa y relaciona de manera particular.

 

El ambiente es el lugar donde estamos, la circunstancia, la fecha, el clima, la compañía…

 

Ascendemos escalando los niveles, a través de las conductas, las capacidades, las creencias, hasta llegar a la identidad.

 

La identidad ordena separándonos y distinguiéndonos del ambiente que nos circunda, de nuestra realidad. Nos proporciona una mirada particular que nos distancia y nos diferencia.

 

Aún más arriba, el nivel espiritual se sitúa en el vértice, en un punto que a la vez resume y contiene a toda la pirámide.

 

Fusiona los otros niveles, y especialmente ambiente e identidad, difuminando la frontera generada y eliminando o trascendiendo así la dualidad. El árbol deja de ser parte del bosque para ser el bosque que a su vez es el árbol. De la conciencia separadora de identidad a la identidad integradora de Unidad.

 

El efecto de esta integración, según aquellos que la han experimentado, es la sensación de paz y serenidad. Este estado es la redención cristiana, el satori o iluminación budista, la entrega, sumisión o paz del Islam…

 

La disolución o muerte del ego individual, dicen, no conduce al infierno. Acerca –devuelve-  al paraíso perdido por Adán y Eva al probar del árbol prohibido del bien y del mal, que no es otra cosa que la dualidad como pecado original.

 

Esta serenidad es a la vez activa y pasiva, como una mezcla equilibrada de yin y yang; es el eje inmóvil del carro que soporta todo el movimiento, el fulcro de la palanca o el centro quieto del torbellino.

 

Cómo alcanzar ese estado, no lo sé… Esa es quizás la pregunta perpetua que conduce a la búsqueda eterna del santo grial, de esa “pieza perdida” entre las partes del lego y la figura construida como globalidad.

 

Quizás se encuentre en dios, quizás en el más allá, quizás en la búsqueda del tesoro soñado en un país lejano, en una pirámide, en una gruta, en una catedral… Quizás, dicen, se trate de dejar de mirar absortos a la luna y volver los ojos al dedo que la señala, porque la luna sólo es una metáfora de ese dedo que es demasiado sencillo, que está demasiado cercano, para que lo queramos apreciar…

 

 “nada tan extrañamente lejano como un gesto del propio rostro”

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2 thoughts on “Ambiente y Espiritualidad

  1. “nada tan hermosamente cercano, como el propio rostro”;
    y sí, efectivamente el árbol y el bosque son la misma cosa:
    seamos pues anémona o agua al nadar, ahí está la paz.
    Espiritualidad y ambiente, son la misma cosa, sí.

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  2. Y ahora vuelvo a volar con alas blancas… y que la luz y la inspiración te acompañen, y nos sigas regalando artículos tan sugerentes, reflexivos y poéticos al fin.
    De todas formas siendo iguales, son distintos; así como siendo distintos son iguales. Je je je ,bueno depende de la mirada, pero dejemos por el momento el tema. Recibe un gran abrazo!

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