El maestro sabio

(Una historia que cuento cuando quiero ilustrar qué es ser congruente).

Cuando Nasrudín era magistrado, se presentó a él una mujer con su hijo.

-­ Este muchacho ­le dijo­ come demasiado azúcar. No me puedo permitir el lujo de darle todo lo que él quiera. Por ello te pido formalmente que le prohíbas comerlo, ya que a mí no me obedece.

Nasrudín le pidió que volviera al cabo de siete días. Cuando ella volvió, aplazó de nuevo su decisión hasta la semana siguiente.

-­ Muy bien­ – dijo al muchacho– ­. Te prohíbo tomar más de tal y tal cantidad de azúcar al día.

La mujer le preguntó entonces por qué había necesitado tanto tiempo para dar una orden tan sencilla.

– ­Porque, señora, he tenido que comprobar si yo mismo podía reducir mi ración de azúcar antes de ordenar a otra persona que lo haga.

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