YO NO SOY CELOSO/A, PERO…

* Un gran amigo me pidió hace poco que le escribiera un articulito para una revista de la EPA. He pensado que, aunque es muy básico, estaria bien compartirlo (sobre todo porque sé que habra mucha gente que no este de acuerdo conmigo) y aqui esta. 

Un abrazo: 

Eider 

Si te preguntamos si alguna vez has sentido celos ¿qué responderías? 

Normalmente ante esta pregunta solemos responder con un tajante “no, nunca” o con un “alguna vez…” pero si realmente somos sinceros y en lugar de responder únicamente con la cabeza dejamos que respondan nuestras emociones, seguro que la respuesta es muy diferente.

Y es que, en realidad, y por mucho que lo neguemos, todos sentimos o hemos sentido alguna vez celos y hasta me atrevería afirmar que muchos frecuentan muy a menudo esos sentimientos.  Cada vez que hablo de los celos en algún sitio, veo a mí alrededor ojos como platos que me miran con total atención y cuando llega el turno de las dudas el silencio queda roto por preguntas y reflexiones continuas. Demasiada participación para algo que concierne a tan poca gente ¿no? 

Lo que ocurre es que los celos tienen mala fama y nadie quiere verse acusado de sufrirlos, pero en realidad solo son un sentimiento más entre los cientos que, por fortuna, podemos experimentar los humanos. Las emociones no son ni buenas, ni malas, solo son eso, emociones y es nuestra cabeza quien por cultura, costumbres, educación etc. las juzga y les pone un adjetivo positivo o negativo.

 Y así, tendemos a pensar que el cariño, la alegría, la compasión… son emociones “buenas” y debemos hacer gala de ellas y las que corresponden al ámbito de la ira, la rabia, los celos, la envidia… son “malas” y no solo debemos negarlas y esconderlas, sino que ni siquiera deberíamos sentirlas. 

 Pero el caso es que esas emociones están ahí, probablemente son mucho más constructivas aquellas que denominamos “positivas”, pero todas forman parte de nosotros/as y tratar de negarlo solo nos lleva a la culpa y al autocastigo. No solo siento algo que no me gusta, sino que además me siento culpable por sentirlo.  

Así que, el primer paso es ser sincero/a con uno/a mismo/a y admitir ante uno mismo lo que se siente. No lo que “debería” sentir, lo que estaría bien o lo que me gustaría sentir, sino lo que hay en realidad. Así, para empezar, ahorraremos un montón de energía en mentirnos y ocultarnos algo que forma parte de nosotros/as.  

Por supuesto, como en prácticamente todo, hay medidas y cuando los celos pasan de cierto punto, podemos hablar del ámbito patológico y entonces, es imprescindible buscar la ayuda de un profesional. Pero de lo que aquí estamos hablando es de esas punzadas más o menos fuertes que todos sentimos alguna vez en la vida.  

El segundo paso pasa por parar el juez o el tribunal interno que nos dice que no deberíamos sentir eso que sentimos y que somos culpables de una falta muy grave por no poder controlar nuestras emociones. Ya hemos dicho que las emociones no son buenas ni malas, los hechos que puedan derivarse de ellas sin son juzgables, pero no las emociones.  

¿Y porque sentimos celos? Normalmente, al hablar de celos, directamente los equiparamos a inseguridad y baja autoestima. Y es cierto, cuando más seguro/a estas de ti mismo/a, menos probabilidad de sentirlos. Pero, hay también una realidad que se encuentra detrás de estos y es que a todos/as, en mayor o menos medida nos gusta que nos quieran y nos hagan caso, ser el centro de atención de las personas a las que queremos. Pero, no siempre es así y desde pequeños (algunos antes, otros después) nos enfrentamos al hecho de que esas personas dividen su atención entre otros y no siempre somos nosotros/as quienes nos llevamos la mayor porción. Y es entonces cuando surgen los celos.  

Una gran aliada para que se reproduzcan suele ser nuestra mente. Ya hemos dicho, que se trata de un sentimiento, pero suele tener un buen aliado en nuestra cabeza, que una vez metida en la dinámica de los celos puede alimentar imaginaciones y pensamientos falsos o equívocos que tergiversan la realidad para darnos la razón.

  Así que un tercer paso importante pasa por parar ese pensamiento que nos hace entrar en un bucle de difícil salida y objetivar. Aterrizar. Y para esto puede ayudar, aunque cada cual puede elegirlo, verbalizar lo que sentimos ante la persona por quien sentimos esos celos (pareja, amigo/a…). 

 ¿Y como podemos expresar algo así? Desde luego, puede ser algo incomodo. Así que trataremos de ser lo más asertivos posibles:

 · Describiendo, sin juzgar, la situación. Expresando lo que sentimos frente a esta situación sin buscar culpables. Por ejemplo: “Jon, me ocurre que últimamente siento celos cuando hablas con Amaia” 

· Comunicar a la otra persona la situación que nos gustaría lograr o el “para que” de que  estemos compartiendo esto con ella. Por ejemplo: “No es que piense que me vas a dejar por ella, o que pretenda que no le hables, sencillamente quiero expresártelo porque es algo que me pasa y creo que debo ser sincera y compartirlo contigo ya que te afecta directamente”

 · Y por supuesto, expresar nuestro  agradecimiento por su escucha. Por ejemplo: “Y te agradezco que me hayas escuchado y puedas entender lo que siento”. 

Por supuesto, no podemos predecir como reaccionará la otra persona ante esto, pero lo que sí es cierto es que un ejercicio de sinceridad y de exposición de sentimientos puede ser muy beneficioso para una relación.  Una relación en la que no podemos exponer nuestros sentimientos y expresarlos, es una relación a la que le falta intimidad y madurez. Como dice la gran terapeuta Virginia Satir “Estar en contacto íntimo no significa abusar de los demás ni vivir feliz eternamente. Es comportarse con honestidad y compartir logros y frustraciones. Es defender tu integridad, alimentar tu autoestima y fortalecer tus relaciones con los que te rodean. El desarrollo de esta clase de sabiduría es una búsqueda de toda la vida que requiere entre otras cosas, mucha paciencia” 

Y por último, ante el calambre de los celos, deberiamos recurrir a tres aliados infalibles en cualquier campo de la vida:

          Amor: Por nosotros mismos y por la otra persona. No el amor que cela o controla, sino el amor hacia la libertad del otro, que es libre de irse, pero se queda a tu lado.

         Compasión: Por uno mismo y sus sentimientos. Cuidado, no confundir con victimismo.La compasión es aceptarme como ser humano con lo bueno y lo malo que tengo.

         Humor: El humor puede acabar con todas esas ideas paranoicas, con toda esa culpa…  Es el antídoto ideal contra todo aquello que nos preocupa por tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio.

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One thought on “YO NO SOY CELOSO/A, PERO…

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