Riddikulo (1)

Este es mi trabajo del curso de Practitioner en PNL. Como es un poco largo, lo publicaré en tres partes. La primera habla sobre magia, Harry Potter y la PNL. Intrigante ¿no?

Riddikulo

»No hay por qué preocuparse -dijo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron hacia atrás, alarmados-. Hay un boggart ahí dentro.

Casi todos pensaban que un boggart era algo preocupante. Neville dirigió al profesor Lupin una mirada de terror y Seamus Finnigan vio con aprensión moverse el pomo de la puerta.

-A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerrados -prosiguió el profesor Lupin-: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero… En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pared. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contestar es: ¿qué es un boggart?

Hermione levantó la mano.

-Es un ser que cambia de forma -dijo-. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.

-Yo no lo podría haber explicado mejor -admitió el profesor Lupin, y Hermione se puso radiante de felicidad-. El boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos salir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa -prosiguió el profesor Lupin, optando por no hacer caso de los balbuceos de terror de Neville- que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el boggart. ¿Sabes por qué, Harry?

Era difícil responder a una pregunta con Hermione al lado, que no dejaba de ponerse de puntillas, con la mano levantada. Pero Harry hizo un intento:

-¿Porque somos muchos y no sabe por qué forma decidirse?

-Exacto -dijo el profesor Lupin. Y Hermione bajó la mano algo decepcionada-. Siempre es mejor estar acompañado cuando uno se enfrenta a un boggart, porque se despista. ¿En qué se debería convertir; en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? En cierta ocasión vi que un boggart cometía el error de querer asustar a dos personas a la vez y el muy imbécil se convirtió en media babosa. No daba ni gota de miedo. El hechizo para vencer a un boggart es sencillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Practicaremos el hechizo primero sin la varita. Repetid conmigo: ¡Riddíkulo!

-¡Riddíkulo! -dijeron todos a la vez.

-Bien -dijo el profesor Lupin-. Muy bien. Pero me temo que esto es lo más fácil. Como veis, la palabra sola no basta. Y aquí es donde entras tú, Neville.

El armario volvió a temblar. Aunque no tanto como Neville, que avanzaba como si se dirigiera a la horca.

-Bien, Neville -prosiguió el profesor Lupin-. Empecemos por el principio: ¿qué es lo que más te asusta en el mundo? -Neville movió los labios, pero no dijo nada-. Perdona, Neville, pero no he entendido lo que has dicho -dijo el profesor Lupin, sin enfadarse.

Neville miró a su alrededor; con ojos despavoridos, como implorando ayuda. Luego dijo en un susurro:

-El profesor Snape.

Casi todos se rieron. Incluso Neville se sonrió a modo de disculpa. El profesor Lupin, sin embargo, parecía pensativo.

-El profesor Snape… mm… Neville, creo que vives con tu abuela, ¿es verdad?

-Sí -respondió Neville, nervioso-. Pero no quisiera tampoco que el boggart se convirtiera en ella.

-No, no. No me has comprendido -dijo el profesor Lupin, sonriendo-. Lo que quiero saber es si podrías explicarnos cómo va vestida tu abuela normalmente.

Neville estaba asustado, pero dijo:

-Bueno, lleva siempre el mismo sombrero: alto, con un buitre disecado encima; y un vestido largo… normalmente verde; y a veces, una bufanda de piel de zorro.

-¿Y bolso? -le ayudó el profesor Lupin.

-Sí, un bolso grande y rojo -confirmó Neville.

-Bueno, entonces -dijo el profesor Lupin-, ¿puedes recordar claramente ese atuendo, Neville? ¿Eres capaz de verlo mentalmente?

-Sí -dijo Neville, con inseguridad, preguntándose qué pasaría a continuación.

-Cuando el boggart salga de repente de este armario y te vea, Neville, adoptará la forma del profesor Snape -dijo Lupin-. Entonces alzarás la varita, así, y dirás en voz alta: ¡Riddíkulo!, concentrándote en el atuendo de tu abuela. Si todo va bien, el boggart-profesor Snape tendrá que ponerse el sombrero, el vestido verde y el bolso grande y rojo.

Hubo una carcajada general. El armario tembló más violentamente.

-Si a Neville le sale bien -añadió el profesor Lupin-, es probable que el boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediqué is un momento a pensar en lo que más miedo os da y en cómo podríais convertirlo en algo cómico…

La sala se quedó en silencio. Harry meditó… ¿qué era lo que más le aterrorizaba en el mundo?

Lo primero que le vino a la mente fue lord Voldemort, un Voldemort que hubiera recuperado su antigua fuerza. Pero antes de haber empezado a planear un posible contraataque contra un boggart-Voldemort, se le apareció una imagen horrible: una mano viscosa, corrompida, que se escondía bajo una capa negra…, una respiración prolongada y ruidosa que salía de una boca oculta… luego un frío tan penetrante que le ahogaba… Harry se estremeció. Miró a su alrededor, deseando que nadie lo hubiera notado. La mayoría de sus compañeros tenía los ojos fuertemente cerrados.

Ron murmuraba para sí:

-Arrancarle las patas.

Harry adivinó de qué se trataba. Lo que más miedo le daba a Ron eran las arañas.

-¿Todos preparados? -preguntó el profesor Lupin.

Harry se horrorizó. Él no estaba preparado. Pero no quiso pedir más tiempo.

Todos los demás asentían con la cabeza y se arremangaban.

-Nos vamos a echar todos hacia atrás, Neville -dijo el profesor Lupin-, para dejarte el campo despejado. ¿De acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante… Ahora todos hacia atrás, así Neville podrá tener sitio para enfrentarse a él.

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Neville solo, frente al armario. Estaba pálido y asustado, pero se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

-A la de tres, Neville -dijo el profesor Lupin, que apuntaba con la varita al pomo de la puerta del armario-. A la una… a las dos… a las tres… ¡ya! Un haz de chispas salió de la varita del profesor Lupin y dio en el pomo de la puerta.

El armario se abrió de golpe y el profesor Snape salió de él, con su nariz ganchuda y gesto amenazador. Fulminó a Neville con la mirada. Neville se echó hacia atrás, con la varita en alto, moviendo la boca sin pronunciar palabra. Snape se le acercaba, ya estaba a punto de cogerlo por la túnica… -¡Ri… Riddíkulo! -dijo Neville.

Se oyó un chasquido como de látigo. Snape tropezó: llevaba un vestido largo ribeteado de encaje y un sombrero alto rematado por un buitre apolillado. De su mano pendía un enorme bolso rojo.

Hubo una carcajada general. El boggart se detuvo, confuso, y el profesor Lupin gritó:

-¡Parvati! ¡Adelante!

Parvati avanzó, con el rostro tenso. Snape se volvió hacia ella. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había estado Snape apareció una momia cubierta de vendas y con manchas de sangre; había vuelto hacia Parvati su rostro sin ojos, y comenzó a caminar hacia ella, muy despacio, arrastrando los pies y alzando sus brazos rígidos…

-¡Riddíkulo! -gritó Parvati.

Se soltó una de las vendas y la momia se enredó en ella, cayó de bruces y la cabeza salió rodando.

-¡Seamus! -gritó el profesor Lupin.

Seamus pasó junto a Parvati como una flecha.

¡Crac! Donde había estado la momia se encontraba ahora una mujer de pelo negro tan largo que le llegaba al suelo, con un rostro huesudo de color verde: una banshee. Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que le puso a Harry los pelos de punta.

-¡Riddíkulo! -gritó Seamus.

La banshee emitió un sonido ronco y se llevó la mano al cuello. Se había quedado afónica.

¡Crac! La banshee se convirtió en una rata que intentaba morderse la cola, dando vueltas en círculo; a continuación… ¡crac!, se convirtió en una serpiente de cascabel que se deslizaba retorciéndose, y luego… ¡crac!, en un ojo inyectado en sangre.

-¡Está despistado! -gritó Lupin-. ¡Lo estamos logrando! ¡Dean!

Dean se adelantó.

¡Crac! El ojo se convirtió en una mano amputada que se dio la vuelta y comenzó a arrastrarse por el suelo como un cangrejo.

-¡Riddíkulo! -gritó Dean.

Se oyó un chasquido y la mano quedó atrapada en una ratonera.

-¡Excelente! ¡Ron, te toca!

Ron se dirigió hacia delante.

¡Crac!

Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Por un momento, Harry pensó que Ron se había quedado petrificado. Pero entonces…

-¡Riddíkulo! -gritó Ron.

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empezó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su camino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry. Alzó la varita, pero…

-¡Aquí! -gritó el profesor Lupin de pronto, avanzando rápido hacia la araña.

¡Crac!

La araña sin patas había desaparecido. Durante un segundo todos miraron a su alrededor con los ojos bien abiertos, buscándola. Entonces vieron una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire, delante de Lupin, que dijo ¡Riddíkulo! casi con desgana.

¡Crac!

-¡Adelante, Neville, y termina con él! -dijo Lupin cuando el boggart cayó al suelo en forma de cucaracha.

¡Crac! Allí estaba de nuevo Snape. Esta vez, Neville avanzó con decisión.

-¡Riddíkulo! -gritó, y durante una fracción de segundo vislumbraron a Snape vestido de abuela, antes de que Neville emitiera una sonora carcajada y el boggart estallara en mil volutas de humo y desapareciera.

-¡Muy bien! -gritó el profesor Lupin mientras la clase prorrumpía en aplausos-. Muy bien, Neville. Todos lo habéis hecho muy bien. Veamos… cinco puntos para Gryffindor por cada uno de los que se han enfrentado al
boggart… Diez por Neville, porque lo hizo dos veces. Y cinco por Hermione y otros cinco por Harry.

-Pero yo no he intervenido -dijo Harry.

-Tú y Hermione contestasteis correctamente a mis preguntas al comienzo de la clase -dijo Lupin sin darle importancia-. Muy bien todo el mundo. Ha sido una clase estupenda. Como deberes, vais a tener que leer la lección sobre los boggart y hacerme un resumen. Me lo entregaréis el lunes. Eso es todo.

Los alumnos abandonaron entusiasmados la sala de profesores. Harry, sin embargo, no estaba contento. El profesor Lupin le había impedido deliberadamente que se enfrentara al boggart. ¿Por qué ? ¿Era porque había visto a Harry desmayarse en el tren y pensó que no sería capaz? ¿Había pensado que Harry se volvería a desmayar?

Pero nadie más se había dado cuenta.

-¿Habéis visto cómo he podido con la banshee? -decía Seamus.

-¿Y la mano? -dijo Dean, imitándola con la suya.

-¿Y Snape con el sombrero?

-¿Y mi momia?

-Me pregunto por qué al profesor Lupin le dan miedo las bolas de cristal -preguntó Lavender.

-Ha sido la mejor clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido. ¿No es verdad? -dijo Ron, emocionado, mientras regresaban al aula para coger las mochilas.

-Parece un profesor muy bueno -dijo Hermione-. Pero me habría gustado haberme enfrentado al boggart yo también.

-¿En qué se habría convertido el boggart? -le preguntó Ron, burlándose-, ¿en un trabajo de clase en el que sólo te pusieran un nueve?

(extracto de Harry Potter y el prisionero de Azkaban. J.K. Rowling. 1999)

Aitor tiene ocho años. Es un niño algo inseguro, muy inteligente y con una imaginación tremendamente vívida. Últimamente habíamos notado que no quería estar solo en la oscuridad. Incluso para ir desde la cocina a su cuarto nos pide que le acompañemos.

Lo que sigue intenta reproducir dos conversaciones que tuvimos en momentos separados. No son los diálogos literales, aunque he intentado reproducir con toda la fidelidad posible el intercambio que se produjo.

Hace unos días habíamos estado viendo una obra de ballet y teatro. En ella, el “malo” era un ratón de siete cabezas, bastante feo, que yo ya sabía que le había impactado bastante. Cuando esa noche, al acabar de cenar nos pide que le acompañemos hasta su cuarto, le pregunto:

Aitor, ¿qué pasa? ¿es que te crees que está el ratón de siete cabezas en el pasillo, o qué?

(De repente, a Aitor se le cambia la cara: se tensan todos los músculos, cierra los ojos y encoge los hombros)

¡No me hables de eso!

¿Y eso, cariño? ¿Qué pasa si digo … ratón de siete cabezas?

(Aitor hace un rápido acceso ocular arriba a la izquierda. Inmediatamente vuelve a tensar los músculos, cerrar los ojos y encoger los hombros. Ya tengo una etiqueta para esta fisiología: está muerto de miedo).

¡Que no me hables de eso!

¿Qué es lo que te pasa? ¿Te haces una imagen en la cabeza y tienes miedo?

(Aitor y yo ya habíamos hablado alguna vez de las imágenes en la cabeza, y de que muchas veces lo que sintamos en cada momento depende más de lo que tengamos en la cabeza que de lo que esté pasando objetivamente).

Sí.

Ya sabes que podemos cambiar las imágenes de la cabeza.

Ya lo he intentado. Ésta no puedo.

(Voy a tener que probar algo nuevo …)

Cariño, ¿te acuerdas de cuando vimos la tercera de Harry Potter?

Sí.

¿Te acuerdas de cuando hicieron Riddíkulo?

-(Sonriendo) Sí.

¿Te acuerdas lo que pasaba? Sacaban un monstruo del armario que se transformaba en algo que daba mucho miedo. Y el profesor de artes oscuras les enseñaba a cambiar el monstruo por una cosa graciosa, que ya no daba miedo. ¿Te acuerdas que Ron le puso patines a la araña? – (en la película es así).

Y le pusieron al profesor Snape el vestido de una vieja.

Sí eso. Y ya no daba miedo ¿verdad?

No.

Era gracioso ¿verdad?

Sí.

¿Sabes que nosotros podemos hacer lo mismo? Y no hace falta varita.

¿Eh?

Podemos hacerlo con las imágenes en la cabeza que hemos hablado antes. Por ejemplo, ¿puedes imaginarte que el ratón de siete cabezas (comienza a mostrar la fisiología anterior, continúo rápidamente) tiene las cabezas de Mickey Mouse?

Tras un momento de confusión, Aitor sonríe. “Ya hemos cazado al monstruo, ahora sin tregua”, pienso, y continúo sin darle tiempo.

¿Ves? Ahora ya no da miedo. Da risa. Y eso lo puedes hacer siempre que quieras. Prueba. Pones la imagen del ratón de siete cabezas y, mágicamente, se convierte en las caras de Mickey Mouse. ¿Ves? Prueba otra vez, ¿a que aparecen las caras de Mickey Mouse?

-(Sonríe) Sí.

¿Y sabes lo mejor? que no tienes que acordarte. Ahora cada vez que pienses en el ratón de siete cabezas … automáticamente se convertirá en las caras de Mickey Mouse, ¿ves? si piensas en el ratón de siete cabezas, aparecen las caras de Mickey Mouse ¿a que sí?, inténtalo otra vez, piensas en el ratón de siete cabezas y … aparecen las caras de Mickey Mouse, ya no lo puedes evitar.

Según vamos repitiendo, la fisiología de Aitor es mucho más relajada. Hago una pausa de unos segundos y continúo.

-Porque si ahora te digo que pienses en el ratón de siete cabezas …

(Aitor hace un acceso ocular arriba a la derecha. Sonríe. Se muestra mucho más relajado)

¡Es verdad!

¿Ves? ¿Te acuerdas de que te dije que estaba aprendiendo magia? Esto es magia ¿verdad? Y sin varita.

—-

(continúa en la segunda parte)

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