Pistas para enseñar. Pista 31. Uno cada vez.

En este artículo Chris nos ofrece una pista para gestionar el estado de ánimo de un grupo. Como siempre la “batalla” nos ilustra conceptos útiles y profundos.

Con este artículo termina la serie “Pistas para enseñar” de Christopher Davies. Durante todo el curso hemos ido publicando los artículos que Chris elaboró durante un tiempo como miembro de la compañía de teatro Bamboozle y como instructor de PNL. Ha sido para mí un placer ir traduciendo los artículos, y quiero agradecer a Chris las facilidades que me dio para hacerlo. Si alguna vez apareces por este rincón de internet, thank you Chris!

Pista 31. Uno cada vez.

Este año nuestra compañía de teatro Bamboozle hizo una obra con una escuela especial para estudiantes que tienen dificultades moderadas de aprendizaje y un comportamiento desafiante. ¡Los chocolateadictos de la compañía no podían creer la suerte que tenían cuando la escuela nos pidió que usáramos el chocolate como tema de la obra! De todas formas, tenían que esperar ¡hasta el viernes!

Comenzamos la semana con una historia sobre un cultivador de semillas de cacao mexicano llamado José cuya familia había trabajado sus tierras durante siglos. El gobierno estaba liquidando las plantaciones pequeñas así que José y su familia tuvieron que dejar su casa.

El desenlace en la mañana del viernes implicaba a un funcionario del gobierno que llegaba a la cabaña de José para confirmarle que efectivamente tenía que abandonar su granja – “para mañana”. Nuestro objetivo para la mañana era involucrar a los estudiantes en trabajar con José para crear un ritual que incidiera en el tiempo que sus ancestros habían invertido en la tierra, celebrar los buenos tiempos que habían disfrutado y reconocer las dificultades que habían encontrado durante esos siglos.

Cuando me reuní la mañana del viernes, el personal de la escuela me dijo que los niños estaban muy cansados y dispersos, y varios habían estado riñendo entre ellos (habían dejado uno en la escuela por las tensiones). Había sido una semana muy larga para ellos, y los educadores podían ver que no iban a ser capaces de concentrarse en nada esa mañana.

Por lo tanto sabíamos que el comienzo del día tenía que enfocar sus mentes y conseguir su interés de una forma controlada. Así que lo que hicimos fue esto:

José se sentaba enfrente de su casucha pensativamente. Ocasionalmente se levantaba lentamente, daba unos pasos y miraba en la distancia antes de volver a su asiento. El actor tenía instrucciones de hacer muy poco. Las luces estaban bajas. Había una lúgubre música de clarinete. Luego permitimos a los estudiantes entrar en el espacio uno cada vez. Les queríamos dar el mensaje de que había algo interesante de ver, y que tenían que esperar para ello. Esto aumentó la tensión y significaba que ninguno de los estudiantes tenía a nadie con quien hablar, o empujar, o con quien bromear mientras entraban en el espacio. La entrada de los estudiantes y colocarlos sentados en las colchonetas frente al espacio de la obra tomó entre 10 y 15 minutos. Durante este tiempo nadie habló, simplemente miraban a José y esperaban. Tan pronto como estuvieron todos sentados José les contó la historia que ya sabían – la habían creado durante la semana. Pocas veces he visto a un grupo prestar una atención tan absoluta como hicieron esa mañana. Después de la historia el grupo trabajó con José para crear el ritual. Luego lo representaron – lo que implicaba sentar a los estudiantes en un círculo mientras cada uno de ellos tenía un turno para representar lo que habían planificado. El proceso del ritual llevó 40 minutos y la sesión completa cerca de una hora y media.

Un chico autista e hiperactivo se sentó durante todo el ritual y esperó pacientemente su turno, que llegaba al final. Los educadores dijeron que se concentrara tanto tiempo era algo que nunca había hecho.

Por supuesto hay muchas cosas que contribuyeron a la forma en que salió esta mañana extraordinariamente enfocada, pero el ingrediente esencial fue la entrada de un estudiante cada vez al comienzo. Esto creó un completo cambio de atmósfera desde el comportamiento disperso de la mañana hasta entonces, y permitió a los estudiantes entrar sin ser provocados (o provocar) a ninguno de sus compañeros. El primer estudiante entró en el espacio con una atmósfera tranquila, luz tenue, música y un actor en el escenario – tenía algo a lo que mirar, algo que escuchar y nadie con quien enredar, así que se sentó en la colchoneta como se le dijo y observó. El segundo estudiante entró en el mismo contexto con uno de sus compañeros mirando – así que se le unió. Y cada uno de los siguientes estudiantes se unió al grupo creciente de estudiantes mirando y esperando silenciosamente. Si alguno de ellos hubiera hecho algo para romper la atmósfera habríamos comenzado de nuevo desde el principio. Era crucial para ese grupo, en la disposición en la que estaban, tomar el control al comienzo – llevara el tiempo que llevara.

En esta ocasión tuvimos la ventaja de trabajar en un espacio con un control completo de luz y sonido. Pero esta estrategia funciona igualmente bien en el aula. Hay más información sobre esto en el libro “The Bamboozle Book of Dramatic Starts” (“El libro de los comienzos dramáticos de Bamboozle”). Visita http://www.bamboozlebooks.co.uk para más detalles.

Sugerencias

La próxima vez que tengas un grupo que está un poco disperso o que quieras crear tensión antes de un trabajo – trae a los participantes en la sala uno a uno.

http://cdatraining.co.uk/tip_detail.asp?TipID=38

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