PNL, UNA MIRADA (2º Parte)

Seguimos con el maravilloso trabajo de Ana Garcia de Motiloa:

Mirada al AMOR: AMOR A MÍ MISMA: Personalmente, una de las formas de amarme es la escritura puesto que cuando leo lo que escribo y a la vez “me leo”, me aprecio, me valoro más. Reproduciré aquí un texto  que escribí y que está relacionado con el autoconocimiento, otra forma más de autoamor.  Curiosamente se titula así: 

DISTANCIA

Así define el diccionario de la R.A.E. esta palabra:

  • Espacio o intervalo de LUGAR o de TIEMPO que media entre dos cosas o sucesos.
  • Diferencia, desemejanza notable entre unas cosas y otras.
  • Alejamiento, desvío, desafecto entre personas.

 Necesitamos un ESPACIO propio para saber de nosotros y de nuestros deseos. Asimismo necesitamos un TIEMPO para madurar, para crecer como personas. Necesitamos aprender a volar y, como esas aves que planean desde arriba, el hecho de saber tomar distancia de todo nos hará apreciar las diferencias, nos clarificará la mente para tomar nuestras propias decisiones. 

Es necesario poder alejarse para querer volver o, a la inversa, y ver a las personas y a las cosas como son y no como las imaginamos.

Curiosamente, en las definiciones expresadas anteriormente, se habla de la DISTANCIA como desafecto entre personas. Es cierto que puede darse esta situación pero también puede ser que dos personas sean capaces de distanciarse para definir sus afectos y ver que desde la distancia es posible amar porque sólo desde ahí uno será capaz de renunciar ya que no vivirá bajo el yugo imperante de una excesiva necesidad de ser amado.

Si seguimos creyendo en la media naranja, en que alguien nos puede completar para formar un UNO, nuestro YO morirá en esa completud imaginaria, nuestros deseos acabarán exprimidos.

Hay personas que viven inconscientemente en una prisión por esa fusión con el AMO al que no pueden amar precisamente por eso, porque ellas aman al AMO. De ahí su imposibilidad de decir: “te AMO”.

En esas prisiones uno va forjando sus propios barrotes que, la mayoría de las veces se crean desde el odio y el resquemor, que no es más que un resentimiento que nos hace huir de nuestros propios sentimientos porque no consentimos (sentimos con…)SER nosotros mismos, hacernos cargo del lenguaje del corazón.

Podemos forjar vallas, vallar nuestro propio YO dejando un espacio, una puerta para permitir entrar o salir a quien nosotros deseemos o lo que nosotros mismos decidamos.

Si conseguimos forjar vallas con puertas, dejaremos de asirnos a los barrotes que nos impiden salir al exterior, conocer, explorar, VIVIR, AMAR.

Si decidimos seguir en nuestra propia prisión acabaremos como esas personas que menta Leonardo Da Vinci, las que ven sin mirar, oyen sin escuchar, tocan sin sentir, comen sin saborear, se mueven sin percibir sus movimientos, huelen sin distinguir olores ni perfumes y hablan sin pensar.

De esta forma se forjan las personas que vagan sin sentido ya que han quemado sus propios sentidos y su YO ha quedado casi reducido a cenizas entre los rescoldos de esa hoguera.

Pero…siempre hay un tiempo para despertar, para recuperar ese YO dañado, de curar amorosamente nuestras propias quemaduras, de recuperarlo, de recuperarnos.

Como dice un bello poema de Adrianne Richo titulado:

LA INMERSIÓN EN LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO

Hay una escalera de mano.

La escalera de mano siempre está ahí

Colgando inocentemente

Cerca del costado de la goleta…

Descendiendo…

Vine para explorar el naufragio…

Vine para ver los daños que ha habido

 y los tesoros que se han conservado…

¡Ojalá nunca sea demasiado tarde para recuperar la dicha del encuentro y que esa dicha pueda quedar dicha, que pueda quedar constancia de ella en el dicho, en lo que se dice, en la palabra, en la escritura, en el ACTO.

 AMOR A LOS OTROS:

Sólo a través del amor a nosotros mismos podemos pasar a amar a los otros, a los seres humanos. A lo largo de la historia de la Pedagogía, ha habido personas grandes en este campo que opinaban que “EDUCAR ES UN ACTO DE AMOR”, esto lo pensaba, lo decía y lo practicaba P.Freire, también pensaban como él María Montesori, Pestalozzi… Yo, desde mi humilde condición de maestra  estoy absolutamente convencida de lo mismo y considerando desde hace mucho tiempo que tengo mucho más para aprender que para enseñar os enseñaré, os mostraré,  una carta que escribí a un niño que se fue, carta que escribí como un acto de duelo desde lo que me enseñó ese niño a través de su sufrimiento, el cual me “movilizó” mucho.  

 

Querido Jose:

Hoy es un día de otoño, ¿sabes?, esa estación donde todo va cambiando de color, donde el tono ocre, ese que a ti tanto te gustaba para colorear, va tiñendo todo lo que nos rodea en la Naturaleza: árboles, arbustos, caminos, donde las hojas forman una alfombra…incluso hasta los ríos y lagos, envidiosillos ellos, se visten de ese color para no ser menos que los grandes árboles que les rodean.

             Ya están aquí, de nuevo, las castañas y las castañeras con esas estufas a las que tanto nos gusta acercarnos cuando hace frío y a las que,  seguro, tú también habrás acudido a comprar esos deliciosos frutos de otoño bien calentitos.

          También tenemos las doradas manzanas y las deliciosas uvas…

          ¡Cuánto te gustaban las uvas, Jose!¡Con cuánto amor te las traía tu mamá todas las mañanas. Por eso estoy segura de que estas palabras llegarán a ti, porque quiero que tengan el sabor de las uvas, el sabor del otoño…

         Tengo que decirte que a la escuela del hospital también ha entrado el otoño:

        Pintamos hojas que ya no son verdes, hablamos de castañas, de manzanas, de uvas…

Siempre que hablamos de las uvas vuelves a la escuela, Jose, te sentimos cerca, trabajador, disfrutando delante del ordenador.

Ahora te has ido…o quizá no te hayas ido del todo pues te veo subido en el tren de nuestra escuela, dispuesto a partir, sí, pero con una sonrisa otoñal.

 

Nos queda tu recuerdo que se hará más grande en el tiempo de las uvas, en el tiempo del otoño.

           Un beso…

…………………………………………

 AMOR A LA NATURALEZA: 

Puesto que formamos parte de la Naturaleza, del Cosmos, de un sistema global, creo que también tenemos que poner en ella nuestro amor. Desde ahí escribí lo siguiente:
 

SOBRE LOS ÁRBOLES. Hoy me ha despertado una luz muy especial.
Ahora, desde mi balcón, casi puedo alargar mi mano y seguir con mi dedo
el contorno de las montañas, recorrer esa cadena de besos azules que el
cielo borda sobre la verde sinuosidad de los montes.
Salgo fuera, aspiro todos los aromas del otoño y me dirijo a repartir
caricias a los árboles.
Me sale al encuentro el gran cerezo que preside, como recio anfitrión, la
era en la que antaño los dientes del trillo masticaban las espigas bajo una
inmensa eclosión de luz.
Majestuoso, con su áspero tronco inabarcable, me pide caricias con sabor
a cerezas.
Gruesas manchas ocres ascienden por su tronco como ejércitos de
hormigas amarillas.

Poco más allá me encuentro con el nogal, gran padre que escucha el
eterno fluir del agua de la fuente que está a su vera. Cuando acaricio su
corteza, percibo un ligero temblor que hace llover sobre mí sus últimas
gotas de nuez.

Adentrándome en el monte, me topo con las encinas que, a modo de viejas
comadres verdes, se reúnen y cuchichean sobre la desnudez de sus
vecinos.
Hago un cuenco con la palma de mi mano, deposito allí mi beso y lo soplo
suavemente en dirección al corro verde.
 

Poco después me saluda majestuoso el gran árbol, el gran señor…el roble.
Le devuelvo mi saludo y me inclino ante él con una suave reverencia. Me
pide que me acerque un poco más y, desde allí, veo su enorme tronco que
emerge de la tierra como dórica columna de acartonada corteza. Cuando
levanto más mis ojos, puedo ver sus brazos hercúleos de manos recias
terminadas en fuertes dedos cuyas uñas, las hojas, se han vuelto amarillas. Paso                        
suavemente mis dedos sobre su tronco y percibo así toda la orografía de
su piel. Apoyo suavemente mi mejilla y parte de esas huellas quedan
dibujadas en mí.

Sigo mi paseo y llego a un descampado cubierto de alfombras marrones y
verdes, extendidas sobre su madre, la tierra.

Un poco más allá, me encuentro con los olivos, preñados del pompas
verdes y negras.
Me acerco hasta ellos, percibo su humildad…me cuentan que por las
noches, la luna trenza con dedos blancos sus trocos plateados.

Más allá, los chopos anoréxicamente escuálidos y amarillos guardan la
interminable soledad del río. En sus gélidas aguas, la luna ha esparcido
sus esquirlas de plata.

Y…más lejos aún, dos cipreses presiden el eterno descanso de los que se
fueron. Desde mi posición, percibo su frialdad de agujas. No quiero
soplarles mis caricias. Ellos siguen acongojando al cielo y a mí me
entristecen con su interminable lanza.

Cuando vuelvo a casa, guardo una caricia para mi y, al dibujarla sobre mi
rostro, percibo una suavidad especial en la yema de mis dedos. Los miro
suavemente y veo allí un fino musgo verde que ha aterciopelado mi cara
con todas las caricias que ellos, los árboles me han devuelto.

 MIRADA AL HUMOR:  Me gustaría poner un tono jocoso en esta exposición, para ello, paso a leeros algo que escribí desde el HUMOR. 

Pinceladas para realizar una tesis sobre el MASOQUISMO:

 Esta mañana, después terminar mi trabajo, me he dirigido a llenar la cesta de la compra, cesta a la que cada vez le veo más agujeros pues cuanto más se llena, más se vacía…

Me he detenido en primer lugar en la panadería y cuál ha sido mi sorpresa cuando escucho: (verídico total): “DAME UNA LECHE”.

Por un momento me quedo clavada sin atreverme a volver la cara y pensando ya en la bofetada de “Gilda”. Poco después, aliviada por el hecho de no oír ningún chasquido ni grito, me atrevo a volver la cabeza y veo cómo la tendera da a un cliente un brik de LECHE.

Al poco rato, no contento el cliente con el blanco elemento, pide a la buena tendera con voz firme: “DAME UNA TORTA”. Ahora soy yo la que pienso que quizás el “paciente” cliente haya cambiado de idea  para acabar recibiendo más directamente lo que encarecidamente pide. Afortunadamente la torta era de pan…

Después de esa comprobación me limito a pedir unas cuántas barras de pan por aquello de :”a falta de pan, buenas son las tortas”.

De ese lugar donde se reparten leches y tortas me dirijo a la pescadería.

Como tengo que guardar cola, como las pobre merluzas, me entretengo en escuchar todas las peticiones que formula una de mis predecesoras. Helas aquí…totalmente verídicas pues las he ido anotando:

1.- ME QUITAS LA PIEL.

2.- ME CORTAS LOS DIENTES.

3.- ME SACAS LOS OJOS.

4.- ME SEPARAS LA CABEZA.

5.- ME QUITAS LAS ESCAMAS(La pobre señora ya no volverá a estar “como pez en el agua”, se ha quedado completamente escamada).

Cuando me llega el turno, totalmente azorada, me limito a pedir unos filetes de pescado en los que una no puede ni imaginar que allí alguna vez existió una cabeza para cortar ni unas vísceras para arrancar.

De allí me dirijo a la carnicería y puedo observar que las peticiones son similares:

1.- ME SACAS LAS TRIPAS.

2.- ME DAS UNOS MACHETAZOS EN LAS COSTILLAS.

3.- ME HACES FILETES EN LA PIERNA.

4.- ME QUITAS EL CORAZÓN.

5.- ME CORTAS LA CARNE EN PEDACITOS.

El carnicero, con toda su furia sádica, se afana en servir a sus clientes que hacen del masoquismo todo un arte. Cuando lo veo ante mí con cara de interrogación, me pregunto…”¿Qué le pido?”. Entonces, aprovechando la coyuntura, compro un pollo, le dirijo una mirada de oveja degollada y le digo:

SÁCAME LAS PECHUGAS Y FILETÉAMELAS”.

Al final, para suavizar estas escenas tan dantescas, me ocurre algo curioso, cuando me dispongo a pedir TERNERA al tipo del machete, le pido un KILO DE TERNURA.

Realmente la ternera era tierna y afortunadamente no estaba loca (como la que suscribe,).

La jornada de episodios sadomasoquistas termina en casa, por la noche. Cuando a la hora de cenar, le digo a mi marido: “¿TE FRÍO UN HUEVO?”, él huye de mí, despavorido y protegiendo sus partes nobles.

En ese momento me doy cuenta de que dispongo de otro apunte para completar mi tesis.

Todas estas ocasiones resultan buenas para sublimar ese plus de masoquismo que nos cuelga como un apéndice.

  Una mirada al logotipo del CPI:  

Para terminar, me gustaría dirigir una mirada al logotipo del CPI. Cuando lo miré detenidamente me vino a la cabeza el fragmento de una historia que aparece en el libro de H.Hesse “Demian” que dice así: ” Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella”.              La diferencia con este texto es que el muchacho, la persona del logotipo ha alcanzado su estrella, (sus cinco puntas son como los cinco dedos de la mano que la tocan) porque ha realizado su sueño. Se ha abierto al amor, ha sabido AMAR. Ha pasado al acto. Y para terminar, hilando con la estrella o estrellas y por aquello de que estamos hechos de ellas, quiero agradeceros tanto a los maestros como a los discípulos todo lo que me habéis enseñado.  Brilláis, brillamos de una manera única. A lo largo de estos talleres hemos unido nuestras luces y nuestras sombras, ellas nos han ayudado a MIRAR, a VER más allá de los ojos. 

GRACIAS.

 

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3 thoughts on “PNL, UNA MIRADA (2º Parte)

  1. Pufffff!
    Realmente es un lujo tenerte como compañera y amiga…no por lo que escribes, sino lo que dices…escribiendo.
    El problema, ahora, es que has abierto en mucha gente la necesidad de seguir escuchándote y no sé cómo lo vas a hacer…no nos hagas esperar mucho.
    Un beso muy grande…
    José Ángel

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  2. Todavía impresionado por la lectura que de tu trabajo hiciste en Artaunsoro, empecé a leer un libro, cogido al azar en la biblioteca. El libro no es lo importante es “la escritura o la vida” de Jorge Semprún. lo que me impactó fue el título del primer capítulo: “la mirada”. Como digo, impresionado por tu relato, entresaqué del libro algunas citas referentes a la mirada. Te envío una que espero que te guste:
    “El mundo y mi mirada se miraban cara a cara, coexistían. El mundo era lo que confería a mi mirada su consistencia, mi mirada era lo que le otorgaba su brillo”.
    Un beso. Kepa.

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