EL DINERO Y LA FELICIDAD

Cuando se dice que el dinero no hace la felicidad se alude, evidentemente, al de los demás.

Sacha Guitry

El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.

Woody Allen

Estas dos ingeniosas citas, aún reconociendo tácitamente la validez del aforismo que dice que “El dinero no da la felicidad”, indican que, por lo menos los autores, no lo tienen tan claro…y el resto de la Humanidad, tampoco. Esta afirmación, de autor desconocido, por lo menos para mí, tendría que haber hecho “muchimillonario” al que la pronunció por vez primera, en concepto de “royalties”, ya que es una de las más leídas, escuchadas y escritas de todas las frases en la historia de la Humanidad… ¿Por qué no nos la terminamos de creer? ¿Cómo es posible que no la integremos de una vez por todas en nuestras vidas, habida cuenta de la cantidad de veces que la oímos y decimos?

A pesar de ser una gran verdad en sí misma y de estar íntimamente de acuerdo con ella casi todo el mundo, hay alguna razón por la que no termina de calar en nuestra escala de valores y en nuestro sistema de creencias. Por una parte, la sociedad en que vivimos ejerce una brutal presión sobre las personas en orden a consumir, ganar dinero fácil, mejorar la salud con seguros privados, aumentar las prestaciones de jubilación con planes de pensiones, cambiar de coche cada poco tiempo, ir de vacaciones tres veces al año, aumentar el pecho, disminuir la tripa, estar morenos todo el año, no repetir el modelo de la temporada pasada, y…( ponga aquí el lector lo que a él se le ocurra)… con el mensaje último , subliminal unas veces, directo la gran mayoría de ellas de que todo eso es el camino para ser feliz… y todo eso cuesta mucho dinero…

Esta presión neutraliza el bien intencionado pensamiento inicial y desequilibra la balanza a favor de la creencia de que el dinero proporciona, efectivamente, la felicidad.No obstante, algo en nuestro interior sigue diciéndonos que el dinero no nos da felicidad, y se crea un terrible dilema bipolar que hace que nuestra relación con el dinero sea tan contradictoria: sabemos que no nos da la felicidad, incluso lo maldecimos en ocasiones, pero queremos tener mucho, es más; nuestra vida acaba girando en torno a ÉL…

Sin embargo, el dinero no es más que energía; se inventó para hacer más fácil el intercambio o trueque, gracias a él no hace falta llevar una vaca para cambiarla por un televisor de plasma… El problema no es, pues, el dinero, pobrecito, que de todo le echamos la culpa, sino de qué hacemos con él, cómo lo gestionamos, en qué lo empleamos… el problema, como siempre, está en nosotros mismos y la solución, por tanto, también.

Debemos empezar a comprender que el dinero es un medio, no un fin, que debe circular por buenos caminos y no por siniestros atajos, ni acumularse en extraños “paraísos fiscales” y que vale para comprar cosas, pero no sentimientos ni emociones. Debemos también convencernos de que la felicidad no es tener sino ser o estar, no se tiene felicidad, se es o se está feliz… el verbo tener se conjuga demasiado bien con el verbo comprar; la felicidad es un estado interno de aceptación de uno mismo, de la vida y sus avatares, de sonrisa interior y exterior, de agradecimiento y perdón, de no juzgar ni culparse, de tener confianza en uno mismo, en los demás, en la vida… y todo esto no se compra ni se puede vender, es más , es gratis: viene incluida en el lote desde el nacimiento, incorporada en nuestro ADN … estamos diseñados para disfrutarla y sólo hace falta que nos lo creamos y que dediquemos nuestras energías a intentar encontrarla o, más fácil, a dejarnos encontrar por ella … por que la felicidad sale a nuestro encuentro a cada instante, se nos muestra a cada momento, sólo hace falta vivir con los ojos , las orejas, la nariz, el gusto y el corazón abiertos a su encuentro para descubrirla…

Creo que fue Krishnamurti el que, cuando le preguntaron porqué la gente no era feliz, el que contestó:

-“La gente es feliz, lo que pasa es que no se da cuenta de ello”.

Para finalizar citaré a Jorge Luis Borges:

-“He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer. No he sido feliz”.

Seamos felices, permitámonos encontrarnos con la felicidad, no desperdiciemos toda una vida por no serlo…

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